analisis pneuma

Pneuma Sys­tem es el marco teó­rico y viven­cial del Aná­li­sis Trans­per­so­nal que pro­po­ne­mos como una téc­nica tera­péu­tica efec­tiva den­tro de la Psi­co­lo­gía Trans­per­so­nal actual. Este marco teó­rico reúne la pro­puesta de desa­rro­llo inte­gral del ser humano que des­cri­ben las anti­guas tra­di­cio­nes espi­ri­tua­les, el estu­dio com­pa­ra­tivo dees­tas tra­di­cio­nes con­forma una visión com­pleta del pro­ceso de Pro­gre­sión Espi­ri­tual, en el cual la tras­cen­den­cia de los sín­to­mas de enfer­me­dad o sufri­miento es tan solo un paso en el infi­nito camino que lleva a la auto­rrea­li­za­ción o ilu­mi­na­ción. Desde esta pers­pec­tiva, el pro­ceso abar­cará desde los ámbi­tos físi­cos y psi­co­ló­gi­cos del ser humano hasta los espi­ri­tua­les, ini­ciá­ti­cos e incluso más allá de lo iniciático.

La base de esta pro­puesta psi­co­te­ra­péu­tica es una des­crip­ción del ser humano que toma en cuenta no sólo la reali­dad per­cep­ti­ble con los cinco sen­ti­dos si no tam­bién los aspec­tos suti­les que las anti­guas tra­di­cio­nes han mane­jado como cons­ti­tu­ti­vos de la natu­ra­leza humana y que bre­ve­mente abor­da­re­mos más ade­lante. Un con­cepto clave, común a todas las tra­di­cio­nes, es la natu­ra­leza espi­ri­tual o divina del ser humano, natu­ra­leza real que pro­cede del hecho de ser parte inte­grante de la divi­ni­dad, cual­quiera sea el nom­bre que le den las dife­ren­tes tra­di­cio­nes, o, como algu­nas lo han expre­sado: “hijos e hijas de Dios”. Pro­po­ne­mos como uno de los fun­da­men­tos de la psi­co­te­ra­pia el recuerdo, la recu­pe­ra­ción e inte­gra­ción de este linaje divino del ser humano. Esta pro­puesta que abre todo un aba­nico de posi­bi­li­da­des de desa­rro­llo para el ser humano, hace de ésta, no una tera­pia que tiene como obje­tivo la eli­mi­na­ción más o menos dura­dera del pro­blema o el sín­toma, tam­poco la con­se­cu­ción de una per­so­na­li­dad adap­tada al medio o al sis­tema, si no una psi­co­te­ra­pia cen­trada en el Ser, en la ver­da­dera natu­ra­leza del ser humano, eterna, inex­pli­ca­ble e innom­bra­ble pero si expe­ri­men­ta­ble, que abre posi­bi­li­da­des de actua­ción de esa natu­ra­leza esen­cial en la vida coti­diana del cliente, tanto de forma indi­vi­dual (su manera de estar en el mundo y de rela­cio­narse con­sigo mismo y con la divi­ni­dad) como colec­tiva (su manera de rela­cio­narse con los demás, con el medio cir­cun­dante y con la socie­dad) y tiene un resul­tado final algo que segu­ra­mente ni el psi­co­te­ra­peuta ni el cliente han podido ima­gi­nar o dise­ñar, ya que no entra en el ámbito de lo pura­mente inte­lec­tual: la autorrealización.

Algu­nas pre­gun­tas ini­cia­les para esta inves­ti­ga­ción podrían ser: ¿Qué suce­de­ría si pudié­se­mos ofre­cer en la con­sulta tera­péu­tica un marco de refe­ren­cia lo más amplio posi­ble que incluya tanto el con­cepto de ser humano como las posi­bi­li­da­des que se abren más allá de la tras­cen­den­cia de los sín­to­mas? ¿Es posi­ble que las expe­rien­cias en estado ampliado de con­cien­cia, con el marco de refe­ren­cia y la inte­gra­ción ade­cua­dos, sean herra­mien­tas cla­ves en el pro­ceso de sana­ción del alma y de evo­lu­ción del ser humano?

De otra manera tam­bién podría­mos pre­gun­tar: ¿Qué ocu­rre cuando el tera­peuta es capaz de expe­ri­men­tar e inte­grar en su vida coti­diana esta pers­pec­tiva sobre su natu­ra­leza esen­cial y sobre sus posi­bi­li­da­des de evo­lu­ción y por tanto, de evo­lu­ción de todo ser humano, inclui­dos sus pacien­tes? ¿Cuál podría ser el resul­tado de una tera­pia rea­li­zada por psi­co­te­ra­peu­tas que estén viviendo en sí mis­mos, de forma cons­ciente y volun­ta­ria, el pro­ceso de auto­rrea­li­za­ción como fin y meta de sus vidas y conoz­can sus peli­gros y sin­sa­bo­res pero tam­bién sus posi­bi­li­da­des y triunfos?

La res­puesta a estos inte­rro­gan­tes que hasta ahora hemos podido está siendo alen­ta­dora. Aun­que somos cons­cien­tes de que queda mucho camino por reco­rrer en esta investigación.

Excede las posi­bi­li­da­des de este tra­bajo hacer una des­crip­ción com­pleta de este diseño de pro­gre­sión inte­rior, que Juan Ruiz Nau­pari ha ido desa­rro­llando en sus más de 30 años de estu­dio empí­rico, haré refe­ren­cia tan solo, a manera de refle­xión a los aspec­tos cla­ves de esta pro­puesta que espero abran puer­tas hacia lo des­co­no­cido e impul­sen al lec­tor a la com­pro­ba­ción directa de esta hipótesis.

El con­cepto de ser humano

Exa­mi­ne­mos bre­ve­mente la cons­ti­tu­ción sutil del ser humano a la luz de las tra­di­cio­nes espi­ri­tua­les ances­tra­les. Opta­mos por man­te­ner la ter­mi­no­lo­gía de dichas tra­di­cio­nes, cons­cien­tes de que las pala­bras encie­rran un sig­ni­fi­cado más allá de lo lite­ral, un sig­ni­fi­cado que con el correr del tiempo, a menudo se ha vul­ga­ri­zado, bana­li­zado o incluso a veces ha sido ter­gi­ver­sado. Quizá surja la ten­ta­ción de “actua­li­zar” pala­bras según su uso actual, sin embargo, en muchas tra­di­cio­nes ances­tra­les se señala el valor de los soni­dos como vibra­ción y ener­gía. Por esta razón opta­mos por recu­pe­rar su sen­tido ori­gi­nal y traer de esta manera toda su carga de sig­ni­fi­ca­dos que sin duda, abri­rán puer­tas des­co­no­ci­das, ocul­tas por largo tiempo en nues­tro inconsciente.

Des­cri­bi­re­mos al ser humano como un ser inte­gral for­mado por cuerpo, alma y espí­ritu (1), un ser que tiene en su pro­pia estruc­tura el poten­cial de auto­rrea­li­za­ción o ilu­mi­na­ción, y es en este camino hacia la auto­rrea­li­za­ción donde apa­rece el dolor y el sufri­miento, obs­ta­cu­li­zando el pro­ceso e, incluso en muchas oca­sio­nes, impidiéndolo.

Para enten­der más sobre este con­cepto de ser humano y el pro­ceso de sana­ción, anote­mos algu­nos con­cep­tos claves:

Espí­ritu.- Es la natu­ra­leza esen­cial a la que hacen refe­ren­cia las tra­di­cio­nes espi­ri­tua­les, for­mada por Cone­xión, Intui­ción y Con­cien­cia o Ser. De esta reali­dad mayor deviene el ser humano como Esen­cia Espi­ri­tual, como semi­lla de lo divino y campo de posi­bi­li­da­des a desa­rro­llar aquí y ahora, en este mundo, en este tiempo, con este cuerpo, con esta mente, en estas cir­cuns­tan­cias y en este momento histórico.

Cuerpo.- Reali­dad físico-​energética que tiene una dura­ción con­creta, deter­mi­na­das carac­te­rís­ti­cas y limi­ta­cio­nes, nece­si­da­des, ins­tin­tos. El cuerpo en sí mismo es pere­ce­dero y muta­ble, sujeto al tiempo y al espa­cio. Es con­si­de­rado un con­te­ne­dor neu­tral que puede mani­fes­tar aque­llo que el “ser humano” que lo habita elija. Esta es

la pers­pec­tiva trans­per­so­nal y espi­ri­tual del cuerpo humano que pro­po­nen las tra­di­cio­nes, sirva de ejem­plo, esta cita: “¿O igno­ráis que vues­tro cuerpo es tem­plo del Espí­ritu Santo, el cual está en voso­tros, el cual tenéis de Dios?” (2),

Alma (Psi­que).- For­mada por Acción, Emo­ción y Pen­sa­miento, es igual­mente un con­te­ne­dor neu­tro, pero más sutil que el cuerpo físico, e igual­mente sujeto al tiempo y al espa­cio. La expe­rien­cia trans­per­so­nal mues­tra que no es tarea sim­ple dis­tin­guir uno de otro, pues cada parte está en íntima rela­ción con las demás. Donde acaba un pen­sa­miento y comienza una emo­ción o un sen­ti­miento?, qué es antes pen­sa­miento o acción?, es la pala­bra una forma de acción? Son inte­rro­gan­tes cuya inves­ti­ga­ción, desde nues­tra pers­pec­tiva, sigue abierta, no sólo desde lo racio­nal o inte­lec­tual si no desde la misma expe­rien­cia en esta­dos amplia­dos de con­cien­cia que irá defi­niendo los difu­sos lími­tes entre una y otra, de una forma, segu­ra­mente, difí­cil de expre­sar con palabras.

Ego, ori­gen de los sín­to­mas.-. Lejos de otros sig­ni­fi­ca­dos que dife­ren­tes corrien­tes de psi­co­lo­gía le dan, vamos a hacer refe­ren­cia al sig­ni­fi­cado de ego que se des­tila de las tra­di­cio­nes espi­ri­tua­les. En ellas se hace refe­ren­cia al ego como fuente de con­flicto, un virus ino­cu­lado en la psi­que en algún momento de la his­to­ria de la huma­ni­dad, que es la causa y ori­gen del sufri­miento y la enfer­me­dad (3). Un con­cepto de ego que nada tiene que ver con el ser humano ni con su iden­ti­dad ni con su naturaleza.

Sin embargo, el mayor logro del ego desde esta visión, es haber hecho creer al ser humano que es parte de su natu­ra­leza y que si lo des­truye, se des­truye. En pala­bras de Juan Ruiz Nau­pari podría­mos defi­nir el ego como “una men­tira muy bien ela­bo­rada” (4) y lo que las tra­di­cio­nes espi­ri­tua­les mues­tran, muchas veces de forma velada, es el pro­ceso de su eli­mi­na­ción y la libe­ra­ción así de la esen­cia espi­ri­tual o Ser.

El con­cepto de pato­lo­gía men­tal y el fin último de la psicoterapia

Un con­cepto inhe­rente a esta pers­pec­tiva es que, si el ego es el ori­gen del sín­toma y, en gene­ral, del sufri­miento humano y si ade­más no corres­ponde a su ver­da­dera natu­ra­leza, puede ser eli­mi­nado de la psi­que, al igual que un virus puede ser eli­mi­nado del cuerpo físico. Los libros sagra­dos, como biblio­gra­fía inelu­di­ble en el ámbito de lo trans­per­so­nal, expre­san cla­ra­mente este con­cepto que se ha deno­mi­nado Muerte Mís­tica: “Con­so­li­dando la ausen­cia de ego, aban­do­nando toda sen­sa­ción de “yo”, etc… Existe siendo indi­fe­rente a ellos como con las vasi­jas y ropas, etc… Todos los títu­los –desde Brahma, el dios crea­dor, hasta la pie­dra– son fal­sos. Por lo tanto, afin­cado sola­mente en el alma, con­tem­pla tu pro­pia alma en todo”. (5)

Exis­ten tam­bién refe­ren­cias a este pro­ceso en la mito­lo­gía de todos los tiem­pos, por citar solo algu­nos: Hér­cu­les lim­piando los esta­blos de Augias, Per­seo deca­pi­tando a Medusa, mitos que hablan del viaje inte­rior hacia las pro­fun­di­da­des de la psi­que (alma) para eli­mi­nar aque­llo que la apri­siona (ego) y, como en el mito egip­cio de Isis y Osi­ris, reunir los peda­zos dis­per­sos en una uni­dad múl­ti­ple per­fecta (espí­ritu) que supone un nuevo naci­miento. Quien rea­liza este viaje con pro­pó­sito y volun­tad es el héroe, la con­cien­cia en noso­tros que com­prende la nece­si­dad de librar esta bata­lla en el inte­rior de la psi­que; al igual que des­cribe el Baga­vah Githa con la bata­lla de

Kuruks­he­tra en que Arjuna (con­cien­cia) ha de luchar con­tra sus fami­lia­res (ego) guiado por Krishna (Ser). De esta manera, el ser humano, guiado por su pro­pio Ser des­ciende a los espa­cios más des­co­no­ci­dos de su pro­pia alma para recu­pe­rar los peda­zos de sí mismo y libe­rar así más y más por­ción de conciencia.

Vemos enton­ces en esta pro­puesta que, aun­que habla­mos de una psi­co­te­ra­pia cen­trada en el Ser, será nece­sa­rio rea­li­zar una obser­va­ción pre­cisa del ego (el con­flicto, el sufri­miento y sus mani­fes­ta­cio­nes) en el alma, lle­gando a los aspec­tos más pro­fun­dos e incons­cien­tes, pero siem­pre desde la per­cep­ción del Espí­ritu. Es desde esta per­cep­ción el ser humano será capaz de obser­var, com­pren­der, ana­li­zar y pos­te­rior­mente eli­mi­nar aque­llo que es la raíz del pro­blema, del sín­toma, es decir, el ego.

En este con­texto, el sín­toma es la inten­si­fi­ca­ción de la expre­sión del ego en la psi­que. “Pode­mos con­si­de­rar el Alma, como un país psi­co­ló­gico, donde hay 84000 per­so­nas y estas están divi­di­das entre los siete erro­res fun­da­men­ta­les o, lo que en la gno­sis anti­gua se deno­minó peca­dos capi­ta­les, pero cada uno de ellos tiene una forma o rasgo psi­co­ló­gico espe­cial, una forma de ser y de mani­fes­tarse” (6)

Se podrían citar mul­ti­tud de casos en que la expe­rien­cia de los pacien­tes corro­bora esta hipó­te­sis, sirva como ejem­plo este relato de una expe­rien­cia en estado ampliado de conciencia:

“…no soy capaz de cen­trar la aten­ción, de diri­gir la mente hacia nin­guna de los pen­sa­mien­tos que lle­gan… mi mente se dis­persa en mil y un pen­sa­miento, en mil y una idea, apa­re­cen tam­bién imá­ge­nes que des­a­pa­re­cen ape­nas intento fijar mi aten­ción en ellas… Mi pen­sa­miento esta­lla, se rompe como un espejo en mil peda­zos, en cada pedazo veo mi ima­gen, pero ya no sé cual soy real­mente, todas las imá­ge­nes hablan, gri­tan, todas a la vez, todas con la misma inten­si­dad, ¿estoy en todas o soy todas? Todas atra­pan mi aten­ción por igual, me man­tengo en ese estado bas­tante tiempo, no sé que más sucede, me pierdo… Pero de pronto, surge algo de aden­tro: no es posi­ble, no quiero seguir aquí, pido ayuda…”

En los casos más gra­ves en que no surge ese impulso para desiden­ti­fi­carse de ese pro­ceso, ten­dría­mos deter­mi­na­das psi­co­sis, para­noias o esqui­zo­fré­nias, en que hay una total con­fu­sión de los mun­dos inter­nos con los hechos obser­va­bles y cuan­ti­fi­ca­bles externamente.

Cual es el rol de tera­peuta en este proceso?

La con­cien­cia de este pro­ceso y el hecho de estar vivién­dolo es lo que da sen­tido a toda la actua­ción del psi­co­te­ra­peuta pneuma. Si hemos con­si­de­rado que la pato­lo­gía está moti­vada por la inten­si­fi­ca­ción del ego, en un grado tal que hace difí­cil y a menudo impo­si­ble la vida coti­diana tanto en sole­dad como en socie­dad, y si hemos defi­nido el ego como ilu­sión o men­tira, quizá encon­tre­mos de nuevo en los libros sagra­dos ins­pi­ra­ción y direc­ción para el rol del psicoterapeuta:

“De lo irreal llé­vame a lo Real, de la muerte llé­vame a la Vida” (7). Acaso no pode­mos encon­trar en estas pala­bras el con­cepto de “pato­lo­gía psi­co­ló­gica o psi­quiá­trica”? Acaso no pode­mos encon­trar tam­bién el con­cepto de “salud” o sana­ción del alma?.

El o ella cono­cen los vas­tos terri­to­rios por los que se está moviendo el paciente, saben tam­bién cual es el fín último de todo ser humano, pues es la tarea en la que está empe­ñado en su vida coti­diana. Tam­bién tiene la cer­teza de la efi­ca­cia de la pro­puesta puesto que la está com­pro­bando en sí mismo. Esto es lo que le imprime fuerza, direc­ción y pro­pó­sito a la psi­co­te­ra­pia pneuma.

El obje­tivo, en un plazo a deter­mi­nar en cada caso, es que la per­sona que atiende a la psi­co­te­ra­pia se con­vierta en un ele­mento activo en su pro­ceso de cam­bio, es decir tome la res­pon­sa­bi­li­dad de sí mismo para que, una vez fina­li­zada la tera­pia pueda con­ti­nuar su vida con el obje­tivo de auto­rrea­li­za­ción, si lo desea. Es por esta razón que podría­mos hablar tam­bién de una psi­co­lo­gía edu­ca­tiva, en que un obje­tivo del tera­peuta es que sus clien­tes interio­ri­cen los ele­men­tos bási­cos del tra­bajo inte­rior y se com­pro­me­tan con su Ser.

Los Esta­dos Amplia­dos de Con­cien­cia en la prác­tica terapéutica

Es en este pro­ceso glo­bal, donde la prác­tica de los Esta­dos Amplia­dos de Con­cien­cia, recu­pera su más alto valor, el valor sagrado que las tra­di­cio­nes le die­ron. Un valor en el que los sín­to­mas, los pro­ble­mas, los blo­queos y la solu­ción de los mis­mos es un paso en un vasto camino que con­duce mucho más allá, hacia la ple­ni­tud del ser humano que las tra­di­cio­nes des­cri­ben: Adam Kad­mon, Buda, Cristo… pala­bras que desig­nan gra­dos, no per­so­nas con­cre­tas, que impli­can, no solo una o cien expe­rien­cias, si no la inte­gra­ción en la vida dia­ria de la con­cien­cia que en ellas se adquiere.

El psi­co­te­ra­peuta, sabe­dor de esto, maneja con res­peto y sumo cui­dado pues sabe que se aden­tra, con su paciente, en el terreno de lo inefable.

Así, el tera­peuta pro­pone en cada sesión la cone­xión con esa con­cien­cia de Sabi­du­ría, Amor, Belleza y Fuerza que se des­cribe como “el Ser” y que está implí­cito en todo ser humano; en la cer­teza que desde esa cone­xión, el paciente encon­trará guía y direc­ción para com­pren­der y tras­cen­der. Vol­viendo al Briha­da­ran­yaka Upa­nis­hads: “El Ser tiene que ser visto, oído, per­ci­bido y cono­cido, ¡oh Mai­treyi! Cuando vemos, oímos, per­ci­bi­mos y cono­ce­mos al Ser, todo lo demás es ver­da­de­ra­mente cono­cido” (8)

Es a par­tir de esa per­cep­ción o cono­ci­miento del alma con la visión del Ser, donde el aná­li­sis del con­te­nido de la psi­que puede ser hecho sin culpa, sin miedo y con obje­ti­vi­dad, y, desde donde se puede optar por salir del labe­rinto del sufrimiento.

Por Maite Pardo Sol

Faci­li­ta­dora de Pneuma Sys­tem y Res­pi­ra­ción Pneuma, espe­cia­lista en “Aná­li­sis Trans­per­so­nal y Res­pi­ra­ción Pneuma”. Inves­tiga el Tra­bajo con los Sue­ños en las tra­di­cio­nes ances­tra­les y el Cha­ma­nismo Esen­cial. Lider y men­tora de Dan­zas de Paz Universal.

Artículo publi­cado en: “Plea­ding for the great alliance bet­ween science and spi­ri­tua­lity” por Euro­pean Asso­cia­tion of Trans­per­so­nal Psy­cho­logy. Timi­sora, 2015.

BIBLIOGRAFÍA:

Tao Te King. Lao Tse. Ed. Tec­nos, 2004.

Bah­ga­vad Gita. Edit. Fun­da­ción Hastinapura,

El dham­ma­pada. Edit. Fun­da­ción Has­ti­na­pura, 2004.

De Palma, Daniel (edi­ción y tra­duc­ción): Upa­nis­hads (con pró­logo de Rai­mon Panik­kar) Madrid, Siruela, 2001

Jung, Carl Gus­tav. El libro rojo. Ed. El hilo de Ariadna, 2010.

Mas­low, Abraham. El hom­bre auto­rrea­li­zado: Hacia una psi­co­lo­gía del ser. Bar­ce­lona: Edi­to­rial Kairós

Rogers, Carl. El pro­ceso de con­ver­tirse en per­sona: mi téc­nica tera­péu­tica. Bar­ce­lona: Edi­cio­nes Pai­dós Ibé­rica, 2000.

Rogers, Carl. Psi­co­te­ra­pia cen­trada en el cliente. Bar­ce­lona: Edi­cio­nes Pai­dós Ibé­rica, 1997

REFERENCIAS Y CITAS:

1.- “Desa­rro­llo Humano y Res­pi­ra­ción Pneuma”. Juan Ruiz Nau­pari, México 2001)

2.- Biblia. I Cor. 6.19. Reina Valera, 1960

3– Desa­rro­llo Humano y Res­pi­ra­ción Pneuma. Juan Ruiz Nau­pari. México, 2001)

4.- “Arte de Vivir”. Juan Ruiz Nau­pari, España 2007.

5, 7,8.- De Palma, Daniel (edi­ción y tra­duc­ción): Upa­ni­sads. Madrid: Siruela, 2001

6. “Uni­verso de lo Trans­per­so­nal. Juan Ruiz Nau­pari, España, 2006.